miércoles, 30 de septiembre de 2020

España y las políticas europeas en materia de educación

        Cuando nos sentamos en el sofá y encendemos la televisión, la educación y el sistema educativo son uno de las constantes en  las noticias, bien sea por cambios de ley, manifestaciones de la comunidad educativa, resultados de evaluaciones internacionales y una infinidad de posibles. La educación siempre está en boca de todos y, al menos debería, estar en la mente de todos.

        Con la intención de mejorarla, el Consejo de Ministros planteó doce objetivos en el Plan de Acción 2010-2011 apoyados en una serie de programas de cooperación territorial. Dichas metas se centraron en alcanzar el éxito educativo del estudiantado, fomentar la equidad y mejorar la calidad mediante la evaluación, flexibilizar el sistema, fomentar las FP para crear un nuevo modelo de crecimiento, aplicar las TIC en el diseño de nuevas formas de enseñanza y aprendizaje, impulsar el aprendizaje de lenguas, defender la educación como un derecho y bien público, modernizar e internacionalizar las universidades dando peso a la investigación y a compartir conocimiento, fomentar las becas y ayudas, facilitar la implicación de las unidades familiares, profesorado y sociedad en la educación, dar mayor reconocimiento al personal docente y generar una educación diversa, intercultural e inclusiva.

        Teniendo estas metas en mente, los programas que se han puesto en marcha con el apoyo de las comunidades autónomas apuntan a diversos planos, como es la educación infantil en el caso del Plan Educa3 o a la implantación de las TIC en las aulas, como el Programa Escuela 2.0. También se han creado otros planes para reducir la tasa de abandono escolar, atender al alumnado con dificultades y promover la convivencia en el centro educativo. No obstante, cabe destacar el Plan Estratégico de la Formación Profesional, el de mejora del aprendizaje de lenguas extranjeras y el de profundización de conocimientos.

        Apoyándose en esta serie de programas y planes, el Consejo de Ministros ha buscado impulsar la educación, lo cual es un objetivo honorable y necesario cuanto menos. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. ¿Podría algo tan digno como una serie de objetivos para mejorar tener consecuencias negativas? Pensemos por ejemplo en la incorporación de las tecnologías a las aulas. Están siendo bien recibidas, no cabe duda, resultan atractivas para el alumnado, aumenta la calidad de los recursos con los que cuenta un centro y con ello (para qué mentir) su prestigio. Además, la modernización de las aulas ofrece un mayor rango de posibilidades a la hora de explorar contenidos con diferentes metodologías, bien sea Kahoot!, Quizzlet o cualquier otra plataforma. No obstante, la moneda tiene dos caras. En primer lugar, ¿hasta qué punto son conscientes los estudiantes de la repercusión de su actividad en la red mediante los dispositivos electrónicos? Seamos realistas, nunca hay un control total de lo que hacen los alumnos con los ordenadores o con los móviles en clase, unos serán más responsables que otros, pueden darse muchos escenarios. En segundo lugar, pensemos en la salud física: el uso indiscriminado de dispositivos electrónicos y la exposición continuada a pantallas aumenta las posibilidades de desarrollar trastornos oculares como por ejemplo la miopía, que a día de hoy empieza a ser bastante común. Quizás un equilibrio entre el uso de las nuevas tecnologías en el aula y las antiguas (tiza y pizarra, como quien dice) podría reducir la exposición a la luz azul de las pantallas y «lo viejo», que muchas veces es nuestro plan de contingencia, podría ser un salvavidas para la salud. En vez de competir por ser más modernos o mejores, ¿No sería interesante ser los más equilibrados? Modernizar, sí, pero regulando el uso. Todos sabemos que nada en exceso es bueno. Supongo que esto es decisión, más bien, de cada profesor en su aula, pero todos debemos cuidar de todos y la carga de los maestros no es poca de por sí.

        Con esta reflexión no pretendo atacar el uso de las TIC, ni mucho menos, Dios me libre (de hecho, yo soy partidaria de su uso por sus innumerables beneficios), sino concienciar del coste que tienen las decisiones. Sin duda el progreso es necesario y la mejora de la educación y el sistema educativo son vitales para ello, pero no debemos dejar de lado el hecho de que sus integrantes, los ejes de ese inmenso engranaje, son seres humanos y hay que velar por su salud, física y mental. Sociedad, Europa, España, ¿dónde están los objetivos para mejorar su calidad de vida?


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