sábado, 10 de octubre de 2020

Abriendo caminos

        



        A la hora de describir el concepto de educación, opino que hay tantas definiciones como educadores existen; cada uno tendrá una percepción propia de su labor. Ahora, si me preguntan a mi, desde la ignorancia y mi escasa experiencia en este ámbito y pecando de idealista y romántica, creo que educar es abrir caminos a la libertad. 

        Fue Sócrates el que dijo que no se puede enseñar a un hombre, solo hacerle pensar, y Robert Frost quien señaló que no era un profesor, sino un awakener. En la lógica de ambos, el docente es el elemento que abre los ojos del educando al conocimiento, le dota de herramientas para que aprenda a desenvolverse en el mundo, tengan una aplicación más o menos directa. Educar es iluminar, despertar la curiosidad, abrir las puertas del saber en todas sus disciplinas. Es permitir que el otro pueda romper barreras lingüísticas, es conocer la ciencia que explica los fenómenos con los que convivimos, es ampliar los horizontes mentales. La docencia, desde mi punto de vista, consiste en desbloquear la capacidad de razonamiento del ser humano y convertir esa materia prima en una persona con criterio propio que pueda integrarse con éxito en la sociedad con la que convive. Y todo eso lo hace un profesor cuando llega a clase y abre un libro, ¿no es espectacular?

        Educar no es solo decirle a alguien cómo se despeja una ecuación o cómo se dice optometría en inglés, es cultivar a una persona y, para lograrlo, hay una serie de valores que deberían ser imperativos para el buen desarrollo, léase, principios básicos de convivencia: respeto, tolerancia, honradez, igualdad, iniciativa, autonomía, etc. Valores probablemente pasados de moda, puede que hasta en peligro de extinción en la sociedad actual, pero cruciales para una coexistencia llevadera. Sin embargo, inculcarlos no es solo labor del profesor, lo es de la familia y del entorno en el que vive el alumno principalmente. Educar es en gran medida labor de los ilustradores, los profesores, sí, pero también de la sociedad. El ejemplo de una sociedad sana y con principios se verá reflejado en cualquiera y lo mismo sucederá con una sociedad podrida. Es decisión nuestra en cuál queremos vivir.



2 comentarios:

  1. Ay Raquel! Me ha encantado ese guiño a Robert Frost!
    Muy buena entrada, coincido en que la labor de educar no solo está en la escuela. Los profesores podemos orientar, guiar, aconsejar, etc., pero si la familia o el entorno que rodea al alumno no pone de su parte... poco se va a conseguir.

    Un saludo (y gracias por ayudarme en mi momento de code-switching durante la presentación de mi blog con la palabra "fluency"). 😇

    ResponderEliminar
  2. ¡Natalia! Jajajaja
    Me alegra ver que compartes mi opinión. Lo triste es que son los profes los que siempre se comen el marrón con todo. Esperemos que las cosas cambien.

    Y, nada, mujer, ¡no te preocupes! Lo mejor que se puede hacer siempre es echar una mano a un compi en apuros ;)

    ResponderEliminar