La educación constituye un derecho fundamental recogido por la Declaración Universal de Derechos Humanos y, además, en el territorio español tiene carácter obligatorio entre los 6 y los 16 años, es decir, los períodos de educación primaria y secundaria. Ahora bien, cabe recordar un matiz, lo obligatorio es educar, no escolarizar. ¿Qué supone este hecho? Implica que, en vez de estudiar en un colegio, los niños pueden aprender en sus propias casas.
Seguro que no faltan ni partidarios ni detractores de la educación en casa, ¿cuáles son, pues, sus ventajas y desventajas? Por un lado, es más fácil adaptar los ritmos de aprendizaje, es decir, si un niño necesita invertir más tiempo en adquirir determinados contenidos, se puede flexibilizar. Además, se trabaja de forma más personalizada, por lo que, con un modelo bien planteado, se puede motivar más al estudiante e incentivar su curiosidad. A nivel cognitivo, cabe mencionar que algunos niños han demostrado ser más maduros con respecto a sus iguales en edad, pues deben ser ellos los que gestionan el tiempo de estudio, lo que implica una mayor responsabilidad. Algo que también puede hacer este tipo de enseñanza atractivo en los tiempos de pandemia que corren es el hecho de que garantiza la distancia social y reduce las posibilidades de contagio. No obstante, esta posibilidad puede ser interesante, no solo para un individuo sano, sino también, por ejemplo, para un estudiante con problemas de inmunodeficiencia, por ejemplo.
Por otra parte, el hecho de aprender en casa reduce las interacciones con el resto de los individuos que conforman la sociedad, limitándolas a un grupo muy reducido. En el caso de la familia de Simancas que optó por la educación en casa, la hija mayor comentaba haber iniciado actividades educativas en entornos más sociales, pero apuntaba también que las había abandonado aunque le gustan. Aunque interactúen con otras personas, el desarrollo de las capacidades sociales se ve mermado significativamente. Además, a nivel académico, si bien se puede avanzar a un ritmo más personalizado, ¿hasta qué punto puedes explotar los recursos que tienes en casa?
Puede que la gestión del tiempo permita progresar en distintas disciplinas en mayor o menor grado, pero seguir un modelo de educación desde casa no funciona para todas las familias. En un entorno idealista, casi utópico, en el que los padres están extremadamente comprometidos con la formación de sus hijos y que cuenta con recursos económicos, es posible que este tipo de educación funcione. Sin embargo, el porcentaje de familias de ese corte no es tan alto como uno quisiera imaginar, hay familias monoparentales, con problemas de salud, con menos recursos económicos, con problemas de conciliación laboral incluso, para las que la educación en casa es una opción impensable. Además, hay que contar con la edad de los hijos, en el caso de los de la familia de Simancas, ambos son mayores y con un cierto grado de independencia, pero ¿qué pasa con los niños pequeños, los de 4, 5, 6 años, por ejemplo? Necesitan una mayor atención, lo que pasa por no dejarlos solos en casa mientras aprenden. En una vida perfecta, igual uno de los padres puede renunciar a su vida laboral para dedicarse enteramente a educar a su hijo en casa, pero la perfección no existe.
Con esto no quiero decir que esté en contra de los niños aprendan en sus casas, es evidente que, al igual que tiene límites, tiene ventajas también. No obstante, creo que es un modelo educativo prácticamente elitista, es muy difícil que se den todas las condiciones para desarrollarlo de forma óptima, motivo por el cual, probablemente, no está tan extendido como la escuela.


Hola Raquel! Estoy muy de acuerdo con tus reflexiones. También pienso que la educación en casa es bastante idealista y creo que proporcionaría más desventajas que ventajas. Además, creo que has apuntado bien mencionando el modelo de educación elitista.
ResponderEliminarNos vemos en clase :)
¡Hola, Blanca! Sin duda es un modelo bastante alejado de la realidad mayoritaria. ¡Gracias por tu comentario! :D
Eliminar