miércoles, 7 de octubre de 2020

Entre leyes y realidades: Un pulso al fracaso

        La Ley Orgánica de Educación,  también llamada LOE (2006), y la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, que todos conocemos como LOMCE y que fue aprobada en 2013, plantean una serie de funciones que el profesorado debe de realizar. Así pues, encontramos las siguientes doce:

        - programación y enseñanza de las áreas,

        - evaluación del proceso de enseñanza/aprendizaje,

        - tutoría, dirección y orientación y apoyo a los alumnos,

        - orientación educativa, académica y profesional,

        - atención integral del alumnado, 

        - promoción, organización y participación en actividades complementarias,

        - contribución al clima de respeto, tolerancia, etc.,

        - información a las familias sobres los procesos de enseñanza/aprendizaje,

        - coordinación de las actividades docentes, de gestión y dirección,

        - participación en la actividad general del centro.

        - participación en planes de evaluación, 

        - e investigación, experimentación y mejora de la enseñanza.

        Si trasladamos la teoría a un caso práctico, podemos ver en Un pulso al fracaso cómo estas funciones se desempeñan en la vida escolar. Este breve vídeo presenta cómo la enseñanza se adapta a jóvenes cuya integración o continuación en el sistema educativo se dificulta por la conducta que tienen. Se busca, más que que adquieran contenidos, que aprendan a desenvolverse en el mundo, trabajando valores como el respeto o la responsabilidad, es decir, se insiste más en «reformar» la conducta y educar personas, no meramente estudiantes.

        Una de las doce funciones docentes que, desde mi punto de vista, es más notable en el vídeo es la tercera: tutoría, dirección y orientación y apoyo a los alumnos. La atención al alumnado a nivel de grupo queda patente en la actuación del profesor en el aula; sin embargo, se puede ver como, en el plano individual, existe diálogo entre el profesor y el estudiante cuando se da algún problema o ha demostrado una mala conducta frente a una situación determinada. Es en ese momento en el que el profesor interviene buscando que el alumno razone y reflexione sobre su comportamiento, haciéndole consciente de sus actos. El docente adopta una postura de guía y negociador, escuchando los motivos del joven y orientándolo sobre las consecuencias de su acción. Si es necesario, plantea también una sanción a modo de correctivo, como es el hecho de pintar una verja que el alumno había deteriorado con anterioridad. La intervención del profesor en estos casos saca a la luz los diferentes papeles que debe desempeñar con el objetivo de educar, especialmente cuando ha de hacer frente a casos conflictivos. La atención a los alumnos, el apoyo y orientación a los mismos quedan claramente plasmados en el vídeo grabado en la Fundación Tomillo. No obstante, los roles de guía, educador, negociador u orientador que tiene que ejercer un profesor deberían de darse en todos los docentes, no solo en centros como el de este vídeo; la pregunta es ¿lo hacen? 


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