sábado, 31 de octubre de 2020

Regreso al futuro (o cómo Marty McFly se pasó a la educación)

 


        Hello? 2030 speaking! Can anyone hear me? Hello!? ¡Vaya chasco! Chicos, en Marte la cobertura va fatal, aquí no llega ni Movistar. Os informo de que la privatización de los viajes al espacio tiene muchas lagunas, falta una gran variedad de recursos que ahora, año 2030, son vitales. Vale, ahora en serio, como los viajes en el tiempo aún no están inventados, marquémonos un viaje astral y observemos nuestra actualidad de ahora en materia de educación desde dentro de diez años.

        La verdad es que no sé si esto se me hace muy fácil o muy difícil, quisiera pensar que más lo segundo, porque lo primero implica que no hemos avanzado mucho en estos diez años. ¿No es apasionante? ¡Por fin utilizamos las pizarras digitales para algo que no es escribir como hacíamos con las de tiza! Madre mía, lo que ha llovido, aunque admito que la nostálgica de mi vuelve a la tiza de vez en cuando.

        ¿Queréis saber cuál ha sido el cambio más espectacular? Vosotros, gente de 2020 ni os lo imagináis: ¡ya se reconoce la labor docente como se merece! A ver, no cobramos una millonada, pero un poquito sí nos han subido el sueldo, cosa de agradecer teniendo en cuenta la de horas que le arrebatamos al día para darles la mejor educación a nuestros chicos, yo al día de ayer le saqué 42 horas. Seguimos trabajando un montón, pero más contentos a fin de mes, igual que los sanitarios, a los que también se aprecia más. Parece que nuestra sociedad ha entrado en razón en estos diez años. Al margen del sueldo, que es un puntazo, destacaré algo más, por fin nos forman bien en las universidades para hacer nuestra labor profesional. Se ha acabado eso de las materias exprés con infinidad de contenidos que luego no sabías cómo aplicar, se dieron cuenta de que es mejor poco y bien que mucho y mal. Ahora nuestros proto-profesores tienen una buena formación en pedagogía o psicología, al igual que en sus ramas de especialidad, y han disfrutado de períodos de prácticas más largos y sensatos.

        Mientras, nuestros chicos de las escuelas parecen haber nacido con un iPad bajo el brazo, yo hubiese preferido el pan, pero bueno, seré una tradicional. Controlan un montón de tecnología, pero no tanto de sus riesgos, nuestra función en clase, además de enseñarles contenidos es ayudarles a gestionar la información y concienciarles sobre los peligros de la red, cosa harto difícil porque ya sabéis que los chavales no perciben el peligro tanto como los adultos. ¡Hay cosas que no cambian nunca! Pero, bueno, nosotros estamos para eso, para enseñarles el camino.

        ¿Queréis saber algo que ha pasado en estos diez años? Que hemos sabido limitar toda esa tecnología, que hemos tenido cabeza y nuestros chavales todavía saben escribir a mano, lo que es un libro y un folio. En 2020 parecía que llegaría un momento en el que trabajaríamos exclusivamente con máquinas y la escritura ya no fuese necesaria. Pues no, no fue así, pusimos freno a ese caballo desbocado que teníamos por entonces y, en estos diez años, hemos aprendido a valorar que hay cosas que, por antiguas que parezcan, son esenciales, ¡las tecnologías fallan y eso tampoco cambia!

        La verdad es que estos diez años han dado para mucho (sufrido y disfrutado) pero nuestra educación y nuestra sociedad han mejorado porque los profesores que formaron a las generaciones que ahora damos clase supieron inculcarnos sensatez, sentido común y espíritu crítico y, ahora, nosotros gestionamos este nuevo presente conforme a aquellos valores en busca del progreso sano. Lo que somos hoy es lo que nos enseñasteis entonces y lucharemos por mantener vivo vuestro legado. Seguimos inspirando en la razón. 

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