viernes, 2 de octubre de 2020

El papel de las TIC y redes sociales en CyL

       


        Hace unos años, cuando la población se planteaba cómo sería el futuro, se imaginaban grandes avances tecnológicos que facilitasen la vida de las personas. De hecho, ¿a quién no le viene a la cabeza la imagen de coches voladores como si se tratara de una escena de Star Wars? Ese futuro es hoy, aunque quizá no en la industria automovilística. Lo que sí que es cierto es que las ya no tan nuevas tecnologías han alcanzado tal grado de arraigo que controlan prácticamente todas las áreas de nuestras vidas. Con su emergencia se ha abierto un abanico de posibles que hace aún más apetecible introducirlas en todos los campos. De esta forma, el acceso a una interminable cantidad de información y recursos ha facilitado su incorporación en terrenos como el laboral o el educativo, que es el que nos atañe hoy.
        Si bien es cierto que a nivel estatal y autonómico se busca que estos recursos se normalicen en las aulas, hay muchos aspectos que se han de tener en cuenta, no solo las ventajas. Para ello, pensemos en un centro hipotético, un centro X en Castilla y León, cuyas aulas de secundaria y bachillerato dotado de recursos tecnológicos como pizarras, ordenadores, tabletas o similares, como ya se ha hecho en algunos reales.
        Partamos desde el punto de vista del centro educativo: la instalación y uso de estos dispositivos no solo lo modernizan y lo acercan a los objetivos para la educación marcados por el Plan de Acción  2010-2011 que presentaba el Consejo de Ministros, sino que, además, le dotan de un estatus vanguardista que atrae la atención de posibles clientes «confundidos» por la modernidad (muchas veces inconscientemente asociada a calidad). Es interesante señalar que algunos centros de Castilla y León con este tipo de dotaciones han podido incorporarse a la certificación CoDiCe TIC, un proyecto europeo que promueve el aprendizaje en la era digital.
        Por otro lado, a la hora de incorporar dispositivos tecnológicos a las aulas, también en necesario que el personal que integra el centro educativo se forme en el uso de estos recursos para obtener el máximo rendimiento de los mismos. De esta forma, han de aprender no solo a gestionar el exceso de información disponible en la red, sino también a manejar de forma responsable los diversos dispositivos, aplicaciones o plataformas que se vayan incorporando a través de cursos formativos, por ejemplo. 
        En lo relativo a las familias, es cierto que, gracias a estas plataformas, pueden realizar un mejor seguimiento del rendimiento de sus hijos en la escuela, y optar a una relación más próxima con el profesorado. Además, para fomentar un buen uso, Educacyl, el portal de educación de la Junta de Castilla y León, pone a disposición de las familias guías de buenas prácticas TIC. 
        Finalmente, antes de pasar a la otra cara de la moneda, es necesario hablar de cómo afectan las tecnologías al alumnado. No cabe duda de que resultan más atractivas que los métodos tradicionales a la hora de aprender. Pueden ofrecer clases más dinámicas e interactivas que facilitan la adquisición de contenidos. Así pueden utilizarse recursos como Quizzlet o Kahoot!, por ejemplo, dos plataformas que están cobrando cada vez más fuerza en la enseñanza no solo secundaria, sino también terciaria, pues se están integrando en las enseñanzas de grado en universidades como la de Valladolid. La apuesta por la gamificación para motivar al alumnado es fuerte y parece dar buenos resultados.

        Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. Cuando se cuenta con recursos tecnológicos de este tipo, no se puede ignorar bajo ningún concepto la dicotomía de realidades utópicas y distópicas que plantean. Por desgracia, la responsabilidad del profesorado o de las familias respecto a las tecnologías no es suficiente cuando hay «una legión» de nativos digitales a la que intentar controlar. Esta generación de estudiantes se mueve con una inmensa facilidad por la red, pero también con un terrible desconocimiento sobre las consecuencias de sus actos. Darles acceso a dispositivos tecnológicos en un aula puede implicar que no se aprovechen como se debería porque la realidad es la que es: un profesor no puede controlar lo que hacen los 30 alumnos a la vez, mucho menos si cada uno tiene a su alcance una pantalla diferente. Los actuales estudiantes de educación secundaria, aunque, por supuesto, puedan ser responsables y estar concienciados, pueden también suponer un auténtico riesgo online. Su uso excesivo y demasiado confiado de las redes sociales, que pueden resultar determinantes en la conducta de los jóvenes, puede dar lugar a la exposición de datos personales, tanto suyos como de la gente que les rodea. La presencia de dispositivos tecnológicos y, con ellos, el acceso (probablemente sin supervisión) a las redes sociales puede originar una brecha de seguridad en el entorno escolar.
        Por otro lado, la gran cantidad de datos disponible en la red requiere filtros antes de ser tratados en el aula, pues las informaciones falsas no escasean en este terreno digital al que todos tenemos acceso para crear y consumir por igual. Un uso poco racional de lo que internet nos ofrece puede alterar el ideario del consumidor, modificando su conducta mediante la crispación, la radicalización o la imitación. Este hecho, en lo relativo a las mentes de los jóvenes, que están en proceso de desarrollo y son más fáciles de confundir, puede tener consecuencias graves en su formación y crecimiento como personas.

        Si bien es cierto que hay que avanzar y amoldarse a las nuevas circunstancias, lo que implica convivir con las TIC en el aula, también es necesario acotar en la medida de lo posible el uso indiscriminado de estos recursos. Igual que las familias disponen de sistemas de control parental en los dispositivos, existen programas que vetan el acceso a determinados sitios web; herramientas útiles que se pueden emplear para limitar el uso irresponsable en el centro escolar. ¿No sería esto una inversión en la seguridad, bienestar y privacidad de todos los miembros de la comunidad educativa? ¿Por qué este tipo de recursos, que nos protegen a todos, no son tan sonados como la «atractiva y vanguardista» incorporación de las tecnologías en el aula? Si vamos a cambiar la forma en la que educamos, tenemos que cambiar la forma en la que nos cuidamos, y eso pasa por no hacerse el sueco con el lado no tan reluciente de las tecnologías.

2 comentarios:

  1. Hola Raquel,
    me encanta el tema de las TIC, ya que es una herramienta muy potente, pero que, en mi opinión, se utiliza mal. Posiblemente sea porque es una herramienta "nueva" y los docentes de la época están más desactualizados en este tema. Tenemos mucha suerte de poder formarnos en esta época, ya que estamos más relacionados con las tecnologías. En mi opinión, pienso que en el futuro se dará mucha más (aun más, sí) importancia y facilitará el proceso de enseñanza. ¿Tú que piensas?

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    1. Hola, Sergio:
      Estoy de acuerdo contigo, hemos tenido la oportunidad de «acabar de formarnos» con las TIC, por lo que nos manejamos con ellas con más fluidez. Sin duda ganarán fuerza con el paso del tiempo, pero, quizá, sea nuestra generación la adecuada para sujetar un poco las riendas. Precisamente por haber crecido con ellas somos más conscientes de los riesgos que entrañan, por lo que es más probable que podamos poner fin al descontrol o al mal uso actuales. La red, las aplicaciones, los programas... tienen su factor de peligro, pero, como tú bien dices, también un lado muy positivo con un gran potencial. Usarlas desde el conocimiento de ambas facetas puede ser muy enriquecedor en el aula, pues se aprovecharía más su capacidad y ¡qué decir del acceso a tanta información (siempre que se haga con cabeza)! Su aplicación, con buen criterio, podría facilitar y potenciar el proceso de enseñanza y aprendizaje en gran medida, a la vez velaríamos por proteger la privacidad de nuestros alumnos mientras ellos mismos se hacen conscientes de lo que supone el uso de tecnologías. En mi opinión, todo es bueno si se usa con cerebro y estableciendo algunos límites y lo mismo pasa con las TIC.

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