jueves, 29 de octubre de 2020

¿En qué se parece Good Will Hunting a Antonio Machado? ¿O era un cuervo a un escritorio?

 

                «Algunas personas no son capaces de creer en sí mismas hasta que alguien lo hace por ellas.»

        El Indomable Will Hunting (1997), producida por Lawrence Bender y dirigida por Gus Van Sant. Protagonizada por Robin Williams, Matt Damon, Ben Affleck, Stellan Skarsgård y Minnie Driver.

        Bien, es verdad que esta película no trata la educación directamente como lo puede hacer, por ejemplo, El club de los poetas muertos, pero la educación es mucho más que una clase de literatura o de matemáticas. En la educación intervienen también la orientación o la tutoría. Para mí, esta película toca más la primera: la orientación. 

        He de admitir que hace muchos años ya que vi esta película por primera vez y, la verdad sea dicha, me impactó bastante. Puede que en realidad no tenga nada de especial, puede que lo tenga todo, pero, para mí, era la educación llevada a su máximo exponente. Will Hunting era un genio que prefería acomodarse a una vida sencilla, limpiando la universidad, hasta que un día le pillaron resolviendo con facilidad un complicadísimo problema matemático e intentó huir. El profesor que lo había planteado contactó con un antiguo compañero suyo, también profesor, pero de psicología, para que intentase ayudar a Hunting a aprovechar sus capacidades. Ante el joven Will se plantean dos posibles vidas, la antigua y cómoda vida con sus buenos amigos o el desarrollo de sus grandes capacidades en alguna universidad del país. El profesor de psicología al que el de matemáticas contacta consigue romper las barreras del muchacho, llegándole a conocer, compartiendo historias de su vida y ayudándole en las decisiones que se le ponen en el camino. Es la orientación de este profesor el que hace a Will replantearse aspectos de su vida, le invita a reflexionar y razonar, a abrirse al mundo y descubrir nuevas perspectivas. No os cuento más, ¡que os hago spoiler

        Queda clara, no obstante, que la atención personalizada que el profesor de psicología ofrece al chico le ayuda a desarrollarse como persona y como estudiante. Esta película se integra, así, en la categoría de pedagogía personalista de la clasificación de Fullat.

        ¿A qué es curioso cómo todo es relacionable si se observa desde un punto de vista concreto? Pues ahora os traigo un verso (dos, de hecho) que para mí son de gran valor emocional y educativo.

-Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?

- El vacío es más bien en la cabeza.

                                                        Antonio Machado, Proverbios y Cantares

        Empecemos por este breve poema del gran Machado. ¡Ojo! Los bostezos también se producen por falta de oxígeno en el cerebro, pero no es por aquí por donde este buen hombre encaminaba este cantar. La comodidad, la falta de motivación e interés por el mundo, el «sedentarismo intelectual», si se me permite, son lo que atontan y adormecen nuestras mentes. Que nuestro español bostece no es más que un efecto secundario de ese sedentarismo, las cabezas huecas no tienen necesidad de estar activas porque desconocen el mundo. ¿Para qué hacerlo? Para ser alguien, para ser libre, para ser. La educación nos permite todas esas cosas. Es mucho lo que hay que perder si no se sucumbe a las tentaciones del saber, una cabeza vacía no es útil más que para el estudio de la anatomía humana.

        El segundo verso, con el que quisiera concluir esta entrada, es uno muy conocido, perteneciente a un poema mayor, también de Machado: 

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

        Somos nosotros los que trazamos nuestra propia estela, no podemos permitirnos que la falta de conocimiento nos limite y nos asemeje a las ovejas en un redil. Nosotros hacemos el camino, pero, para ello, el vacío no puede estar en la cabeza.

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